Edición de fotos de vajilla y cristalería para marketplaces


Reflejos bajo control, blanco real de la porcelana y una transparencia del cristal que se corresponde con la pieza que recibe el cliente.

Edición de fotos de vajilla y cristalería para marketplaces


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Particularidades de la edición de fotos de vajilla

La vajilla parece una categoría fácil. Son objetos simples, de formas limpias, sin tallas ni cierres ni tejidos. En la práctica es una de las categorías donde más fotos se descartan, y la razón está en un solo punto: casi todo lo que se vende como menaje es reflectante, transparente o blanco, y esas tres cosas son precisamente lo que peor resuelve una cámara sin ayuda posterior.

Una taza de porcelana blanca sobre fondo blanco desaparece. Un vaso de cristal sobre fondo blanco se convierte en un contorno gris con manchas. Un plato esmaltado devuelve el reflector como un óvalo brillante que tapa justo el centro del dibujo. Y un juego de seis piezas apiladas genera sombras entre pieza y pieza que la cámara interpreta como suciedad.

  • Reflejos especulares. El esmalte y el cristal devuelven la fuente de luz de forma literal. En la foto se ve la lámpara, no el producto.
  • Transparencia. Un vaso no tiene un contorno definido: tiene bordes que cambian según lo que haya detrás. Recortarlo como si fuera un objeto opaco lo arruina.
  • Blanco sobre blanco. La porcelana blanca necesita separarse del fondo sin dejar de ser blanca, que es la contradicción central de esta categoría.
  • Textura del esmalte. Craquelado, reactivo, mate, satinado: son argumentos de precio y desaparecen con cualquier corrección agresiva.
  • Juegos y apilados. Seis platos iguales tienen que verse como seis platos, no como una torre confusa.
  • Tamaño. Un bol de postre y una ensaladera se fotografían idénticos si nadie pone una referencia.

Nos envía el material tal como salga del estudio y trabajamos cada pieza según su acabado. En menaje no existe un ajuste único que sirva para toda la carpeta.

Qué incluye la edición de fotos de vajilla

El paquete estándar cubre todo lo que una ficha de menaje necesita para funcionar sin generar devoluciones.

  • Recorte con tratamiento de transparencia. Las piezas de cristal se recortan conservando lo que se ve a través de ellas, con el borde y la base trabajados por separado. No se aplica un recorte plano.
  • Fondo blanco o del tono de su catálogo, con la pieza separada del fondo mediante una sombra o un borde controlado, nunca mediante un contorno oscuro dibujado.
  • Control de reflejos. Se reducen las quemaduras del esmalte y se reconstruye el degradado de brillo que le da volumen a la pieza.
  • Punto de blanco real. Corregimos la dominante azul o amarilla para que el blanco de su porcelana sea el blanco que verá el comprador al abrir la caja.
  • Conservación de textura. Craquelado, relieve, esmalte reactivo y grabados se protegen durante la limpieza.
  • Limpieza física. Huellas, gotas de agua, polvo, pelusas y marcas de manipulación en las unidades de muestra.
  • Geometría. Enderezado de elipses y bases, para que un plato no salga ovalado ni un vaso inclinado.
  • Composición de juegos. Reordenación de piezas apiladas o en fila para que la cantidad y la variedad se entiendan.
  • Infografía de medidas. Diámetro, altura, capacidad en mililitros y número de piezas, con su tipografía.

El precio parte de desde 4 € por foto. En catálogos amplios de menaje, donde muchas piezas comparten forma y acabado, el trabajo se estandariza y el precio baja hasta hasta 1 € por foto.

Reflejos en porcelana, esmalte y cristal

Un reflejo especular es una imagen de la fuente de luz proyectada sobre la superficie del producto. En un plato de esmalte brillante y curvo, ese reflejo aparece como un óvalo blanco justo en el centro, que es donde suele estar el dibujo o el logotipo de la marca. Es decir, la luz tapa exactamente lo que se quería mostrar.

Hay dos formas de abordarlo y solo una funciona. La incorrecta es reducir las luces altas de toda la imagen: el reflejo se atenúa, sí, pero el esmalte deja de brillar y la pieza pasa a parecer cerámica sin vidriar, que es un producto más barato. La correcta es tratar el reflejo como un elemento independiente: se reduce su núcleo, se ensancha su transición hacia el color de la pieza y se conserva un remate brillante en el borde, porque ese remate es la señal visual de que el esmalte es de calidad.

En cristalería el planteamiento cambia. El cristal no tiene color propio, se limita a doblar y concentrar la luz que lo atraviesa. Sus zonas brillantes no son un defecto sino la descripción del objeto: los bordes gruesos, la base tallada y el pie de una copa se leen precisamente por esos brillos. Si se eliminan, queda un contorno gris sin identidad, imposible de distinguir de un vaso de plástico.

En cristal trabajamos al revés que en porcelana: reforzamos los brillos estructurales, los que describen el grosor y el tallado, y limpiamos únicamente los reflejos parásitos, es decir, los que reproducen el estudio, el reflector o el borde de la mesa. El resultado es una pieza que se ve nítida y sólida sin haber perdido su condición de vidrio.

Un caso frecuente aparte: los acabados metalizados. Filos dorados, platas y bronces reflejan todo el entorno y suelen salir sucios o verdosos. Se corrigen por separado del cuerpo de la pieza, ajustando el tono metálico sin arrastrar el color de la porcelana que tienen al lado.

Transparencia del cristal sobre fondo blanco

Este es el problema técnico central de la categoría, y el que más fotos inservibles genera. Un objeto transparente no tiene un contorno único: sus bordes dependen de lo que haya detrás. Cuando se recorta con las herramientas habituales, el resultado es un vaso con perfil duro, interior turbio y una base que parece flotar sobre la nada.

Nuestro planteamiento es reconstruir la pieza por capas en lugar de recortarla:

  • Estructura. Se aísla el armazón óptico del objeto: bordes, grosor de pared, base y pie, que son las zonas que definen su forma.
  • Interior. Se limpia lo que se ve a través del cristal, eliminando el fondo del estudio pero conservando la ligera distorsión y el degradado que demuestran que el objeto es hueco y transparente.
  • Apoyo. Se añade una sombra de contacto discreta bajo la base. Sin ella, el cerebro del comprador no reconoce que la pieza está apoyada y la imagen se percibe como un montaje.
  • Densidad. Se ajusta el nivel de opacidad general para que el cristal se vea sobre el fondo blanco del listado sin oscurecerse.

Con cristal de color, el trabajo añade una capa más. Los vidrios ahumados, ámbar, verdes o azules cambian de tono según el espesor: son más claros en la pared y más densos en la base. Ese degradado hay que conservarlo, porque es lo que distingue un vaso de vidrio teñido de uno de plástico coloreado. Aplanarlo, que es lo que ocurre con cualquier ajuste automático, baja la percepción de calidad de forma inmediata.

Si su tienda admite fondos que no sean blancos, en cristalería suele funcionar mejor un gris muy claro o un fondo con degradado suave: la pieza se lee sin necesidad de forzar contornos. Podemos entregarle las dos versiones del mismo archivo para que compare en su propio listado.

Blanco real de la porcelana y textura del esmalte

La porcelana no es blanca. Es marfil, es blanco frío con matiz azulado, es blanco cálido con matiz crema, es hueso. Y esas diferencias, que en el estudio parecen mínimas, son motivo real de devolución cuando alguien compra piezas para completar un servicio que ya tiene en casa.

La cámara empeora el asunto. Con luz de estudio sin calibrar, la porcelana cálida sale gris azulada y la fría sale amarillenta. Muchas ediciones apresuradas rematan el error llevando la pieza a blanco puro para que quede limpia sobre el fondo, y el efecto es doble: se pierde el matiz real del producto y se pierde el relieve, porque un blanco saturado no tiene información dentro.

Trabajamos con dos límites fijos: el blanco de la pieza no se lleva nunca al máximo, siempre se deja margen para que conserve detalle, y el matiz original se respeta aunque el resultado parezca menos brillante que el de un competidor que sí ha quemado sus fotos. La ficha honesta gana a medio plazo, porque no genera devoluciones.

La textura del esmalte es el otro punto sensible. En menaje de gama media y alta, buena parte del precio está en el acabado:

  • Craquelado, la red de finísimas grietas del vidriado, que desaparece por completo con cualquier reducción de ruido agresiva.
  • Esmalte reactivo, con manchas y degradados irrepetibles entre pieza y pieza, que un ajuste uniformizador convierte en un color plano.
  • Acabado mate o pétreo, cuya microtextura hay que preservar para que no se confunda con plástico.
  • Relieves y grabados, que necesitan una luz lateral marcada y un contraste local cuidadoso para leerse.

Cuando el acabado es el argumento de venta, recomendamos incluir un macro dedicado y editarlo con más contraste de detalle que el resto de la serie. Es la foto que convence a quien duda entre su producto y otro más barato.

Juegos, apilados y referencia de tamaño

El menaje se vende mucho por juegos, y un juego mal fotografiado se lee como una sola pieza. Si apilas seis platos, el comprador ve una torre; si los colocas en fila perfecta, ve un plato con sombras raras. En ambos casos, el valor por el que paga se ha perdido.

Lo que hacemos en composición de juegos:

  • Escalonado. Las piezas iguales se separan ligeramente en abanico o en escalera, de modo que se cuenten de un vistazo sin necesidad de leer la descripción.
  • Limpieza entre piezas. Las sombras que se forman en los huecos de un apilado se aclaran y se uniforman, porque en la miniatura se leen como manchas de suciedad.
  • Jerarquía. En juegos mixtos, de plato llano, hondo y de postre, la pieza mayor se sitúa detrás y las menores delante, con la variedad claramente visible.
  • Coherencia de brillo. Las piezas de atrás de un apilado reciben menos luz. Ese desnivel se compensa para que las seis unidades se vean del mismo color.

La referencia de tamaño es igual de importante. Un bol de postre, uno de ensalada y una fuente para servir tienen la misma forma y solo se distinguen por el diámetro. Sin cotas, el comprador acierta por casualidad.

Montamos la escala con cotas de diámetro y altura sobre una vista lateral, con la capacidad en mililitros cuando la pieza es de líquido, y con un objeto de referencia común, una mano o un cubierto, en las fotos secundarias. La foto principal se deja limpia: los rótulos la penalizan en el listado y ahí solo necesita competir visualmente.

Cómo transcurre el trabajo

El proceso es el mismo para un pedido de diez fotos y para un catálogo completo.

  • 1. Nos cuenta qué necesita. Tipo de piezas, acabados presentes en el catálogo, número de fotos y dónde va a publicarlas. Si ya tiene un estilo definido, lo replicamos.
  • 2. Foto de prueba. Editamos una pieza de porcelana y una de cristal de su propio material, porque son los dos extremos técnicos de la categoría. Sobre esas dos imágenes se aprueba el criterio.
  • 3. Producción. Se edita el lote agrupando por acabado: brillante con brillante, mate con mate, cristal con cristal. Así la serie sale coherente.
  • 4. Revisión. Nos indica lo que quiera ajustar y lo corregimos dentro del encargo.
  • 5. Entrega. Archivos con su nomenclatura, en las proporciones de su tienda y en la misma estructura de carpetas que nos envió.

Nos envía el material por el canal que prefiera, incluido un enlace a su propio almacenamiento en la nube, y le devolvemos todo ordenado y listo para subir. Trabajamos en remoto: no hace falta que las piezas salgan de su almacén, solo viajan los archivos.

Uniformidad del catálogo, plazos y precio

En menaje, la vista de categoría es implacable. Los productos son geométricamente parecidos y aparecen en cuadrícula, de modo que cualquier variación de tamaño relativo, de margen o de temperatura de color se percibe al instante como falta de cuidado.

Por eso fijamos antes de producir el porcentaje de espacio que ocupa la pieza dentro del cuadro, el punto de blanco del fondo, el tipo de sombra y el ángulo principal de cada familia de productos. Todas las tazas se fotografían y se editan con el asa hacia el mismo lado; todos los platos con la misma elipse. Suena a detalle menor y es lo que separa un catálogo profesional de uno improvisado.

Plazos. Un lote pequeño se entrega normalmente en un día laborable. Los catálogos grandes se organizan por tandas, con entregas parciales, para que pueda ir publicando por familias de producto.

Precio. La edición parte de desde 4 € por foto. En volúmenes altos, y sobre todo cuando el catálogo repite formas y acabados, baja hasta hasta 1 € por foto. La cristalería con transparencia compleja lleva más trabajo que la porcelana opaca, así que revisamos una muestra de su material antes de dar una cifra en firme.

Preparamos fichas de menaje para tiendas en Amazon, eBay, Etsy, Shopify, El Corte Inglés y catálogos propios. Buena parte de nuestro volumen en esta categoría son reediciones de catálogos antiguos: fotos correctas de origen que solo necesitaban criterio para volver a funcionar.

Preguntas frecuentes

Mis vasos de cristal salen grises y sucios. ¿Se puede arreglar sin repetir la sesión?

En la mayoría de los casos sí. El gris procede del fondo del estudio visto a través del vidrio, y se limpia reconstruyendo la pieza por capas: estructura, interior y sombra de apoyo por separado. Solo pedimos repetir la toma cuando la foto original está tan subexpuesta que no queda información en los bordes del cristal.

Tengo porcelana en tres blancos distintos y quiero que se distingan en el catálogo.

Es exactamente lo que hay que hacer, y es la petición contraria a la habitual. Mantenemos el matiz real de cada acabado, marfil, hueso o blanco frío, en lugar de igualarlos todos a blanco puro. Para que la diferencia sea creíble conviene además una foto con las tres piezas juntas en la misma toma.

¿Conserváis el craquelado y el esmalte reactivo?

Sí, y es un punto que vigilamos de forma expresa. Las herramientas de limpieza automática eliminan esas texturas porque las interpretan como ruido o suciedad. Trabajamos la limpieza de forma selectiva, quitando polvo y huellas pero protegiendo el vidriado. Si el acabado es su argumento de precio, recomendamos añadir un macro dedicado.

¿Cómo hacéis que se entienda que son seis piezas y no una?

Separando las piezas en abanico o en escalera durante la edición, aclarando las sombras que se forman entre ellas y equilibrando el brillo de las unidades de atrás, que siempre reciben menos luz. Además añadimos el número de piezas como rótulo en una foto secundaria, porque es el dato que el comprador busca primero.

¿Podéis añadir el diámetro y la capacidad sobre la imagen?

Sí. Montamos cotas de diámetro y altura sobre una vista lateral y la capacidad en mililitros cuando la pieza es de líquido, todo con la tipografía de su marca. Esa información va en fotos secundarias: la principal se deja limpia porque en el listado compite visualmente y los rótulos la ensucian.

Necesito fondo blanco para un sitio y fondo con ambiente para otro. ¿Es doble precio?

No exactamente. El recorte es la parte pesada del trabajo y se hace una sola vez; a partir de él, generar una segunda versión con otro fondo cuesta bastante menos que una foto nueva. Díganos desde el principio cuántas versiones necesita y se lo presupuestamos como un paquete.

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